El viacrucis de “la bebé Carito”: La lucha de una madre contra el cáncer poco común de su hija en Coatzacoalcos
Salma Lizbeth López relata los meses de incertidumbre y diagnósticos erróneos, hasta que su hija Alma Carolina fue diagnosticada con Histiocitosis de Células de Langerhans
Metzli Ocampos / Ola Coatza
Salma Lizbeth López vive un viacrucis que ha ido sorteando; jamás imaginó que su pequeña Alma Carolina Domínguez López a su corta edad fuera diagnosticada con un cáncer poco común.
Alma conocida en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) clínica 36 de Coatzacoalcos, como “la bebé Carito” tenía 1 año con 4 meses cuando comenzó su padecimiento.
Los primeros signos aparecieron cuando Salma notó un bulto en la frente de Alma. “Al principio pensé que era el ángulo en la que la veía y no le tomé importancia”, recordó.
Ese detalle, dijo, pronto comenzó a preocuparle.
Con el paso de las semanas surgieron más síntomas. “Del lado contrario auditivo le salía una secreción”, relató.

También empezó a tener pérdida de movimiento y caídas constantes, lo que la alertó aún más.
En abril de 2024 apareció una infección en el ojo. “A la niña no se le quitaba”, manifestó.
El ojo estaba inflamado y llegaba a cerrarse por completo. Aun así, recordó que en consultorios y clínicas “siempre me decían que era solo una infección”.
Salma acudió primero a la clínica 69 del Instituto Mexicano del Seguro Social. “Me decían que no era nada”, explicó.
Visitó consultorios y un pediatra, pero seguían dándole la misma respuesta. “Le daban gotas y antibióticos y nada funcionaba”, afirmó.
Cuando llegó a la clínica 36, tampoco le dieron atención de inmediato. “No la querían atender”, dijo.
Señaló que todo cambió gracias a una trabajadora de administración. “Ella nos atendió a la brevedad”, recordó.
Ese día inició el camino al diagnóstico real.
El 17 de junio recibió la noticia definitiva: Alma tenía histiocitosis de células de Langerhans, un cáncer sólido. “Yo no sabía ni de qué me hablaban”, relató, porque primero se lo comunicaron a sus hermanas. El tumor medía 38 x 25 milímetros.
El diagnóstico vino acompañado de otra noticia difícil: no podían operarla. “Necesitaban cinco especialistas”, explicó. Debido a que el tumor estaba cerca de zonas delicadas, tendrían que enviarla a un hospital de tercer nivel.
Salma recordó que entender la situación fue devastador. “Lo primero que dices es: ¿por qué a mí?”, confesó.
A partir de ese día, su vida cambió por completo entre estudios, valoraciones y estancias en hospitales.
La madre dejó su empleo. “Soy mamá y papá al cien por ciento”, precisó.
Sin ingresos fijos, cada gasto se convirtió en un reto. Los viajes constantes a Veracruz y próximamente a Ciudad de México son cada vez más complicados.
Los traslados representaban uno de los costos más altos. “Los boletos son como mil 400 de uno”, subrayó.
Para ahorrar, viajaban de noche y esperaban horas en terminales antes de acudir a las citas médicas. “No alcanza para hospedarnos”, expresó.
Para sostener los gastos del transporte, Salma buscaba alternativas todos los días. “Siempre ando viendo qué vender para pagar los transportes para llevar a mi hija”, señaló.
Vendía joyería, catálogo, antojitos y en temporada nochebuenas.
También realizaba rifas. “Hago rifas de accesorios y perfumes”, añadió.
Sus amigas le donaban productos para que pudiera obtener ingresos. “Lo que me regalan lo rifo para juntar para los pasajes, estudios y lo que haga falta”, relató.
A pesar de los meses difíciles, Alma mantenía una energía que sorprendía a todos. Salma relató que incluso cuando la desahuciaron, la niña resistió. “Ahí está, feliz, gritando y jugando”, declaró.
La describió como fuerte, con mucha energía y llena de vida.
Fundaciones como “Maravilla” y otras organizaciones la apoyaron. “Nos han ayudado en lo que pueden”, manifestó.

También recibía apoyo ocasional para transporte, sobre todo en los trayectos de su casa al hospital.
Alma será enviada a la Ciudad de México para ser revisada por oftalmología. “Ya no hay oftalmólogo pediátrico aquí”, comentó.
Momentáneamente se suspendió el traslado a Ciudad de México por cuestiones económicas
Maribel confiaba en que allá tendrían una revisión más completa para su hija pese a los gastos adicionales.
En su mensaje final, Salma expresó un llamado a otras familias en situaciones similares. “No estamos solos. Hay que creer en Dios y confiar en los doctores”, dijo.
Afirmó que, aunque a veces la familia no podía estar presente, “los que ya pasamos por esto podemos ayudar”.
Su historia reflejó la fuerza de una madre que sostenía a su hija con ventas, rifas, noches de viaje y esperanza. Un camino doloroso, pero también lleno de voluntad por darle a Alma todas las oportunidades para seguir adelante.